El misterio de la piedad

La palabra piedad es tal vez uno de los términos más difíciles de explicar en las Escrituras. La mayoría de las personas relacionan la piedad con la religión, pero llevar una vida piadosa no tiene absolutamente nada que ver con ser religioso.

La piedad no está restringida a lo que se hace adentro de un templo, ni es algo que se pueda manifestar participando de un culto, o a través de las ceremonias y rituales de una iglesia. Creer que la piedad pueda ser esto es uno de los grandes errores modernos.

La piedad tiene que ver con nuestro diario andar en Cristo, y no es algo que comienza en la iglesia sino en nosotros mismos y en nuestras propias casas. No es lo que hacemos públicamente a la vista de todos, sino lo que somos en privado delante de Dios y de nuestros seres más cercanos. Lo otro roza más bien la hipocresía.

Es muy significativo comprender que Pablo manda a Timoteo a ejercitarse para la piedad, en el mismo contexto en que lo exhorta a apartarse de la hipocresía de religión, de las doctrinas de demonios, de las reglas de los falsos ministros que no se ajustan a la verdad y de los que apostatan de la fe escuchando espíritus engañadores.

En 1 Timoteo 4. 7 Pablo concluye diciéndole Timoteo, “Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad”. Y esto es válido hoy para nosotros también.

El significado de la palabra “ejercitar” está íntimamente relacionado con lo que viene diciendo el apóstol. Su raíz es la palabra griega “gummos”, y conlleva la idea de “despojarse o desnudarse”.

Lo que Pablo le está diciendo a Timoteo es que se despoje, que se desligue de todo aquello que le impida ajustarse a la piedad. Que ponga a un lado los tropiezos, las cargas vanas, que se despoje de todo aquello que lo pueda estorbar en la búsqueda de una vida piadosa.

Luego dice Pablo en 1 Timoteo 4. 8, “porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera".

Pablo está usando una metáfora muy común en él, la de los corredores o gimnastas, palabra esta última que, dicho sea de paso, viene del griego gummos. Cuando los atletas se ejercitan se despojan de todo lo que les pueda disminuir su fuerza y su capacidad en la competencia. Y lo que infiere Pablo es que con más razón nosotros debemos ejercitarnos de la misma manera para la piedad, puesto que es aún mucho más provechosa que la gimnasia.

Hebreos 12:1 dice, “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”.

Este es el principio que Pablo le trasmite a Timoteo para llegar a la piedad. Que se despoje de todo peso y del pecado que asedia. Que no se pierda en doctrinas de hombres y en religión, sino que se enfoque en la piedad como meta para su vida, desechando lo que no proviene de la Verdad.

El ejercicio físico era muy importante en Grecia. De hecho ocupaba un lugar primordial en la vida de los jóvenes griegos, quienes se entrenaban para estar preparados por si debían algún día combatir en la guerra o defender a su ciudad en una competencia. Algo que Timoteo no debía desconocer, pues su padre era griego.

En esta analogía de Pablo el cristiano debe entrenarse para la piedad con el fin de enfrentar con éxito las luchas que debe librar como creyente. Pero mayormente este entrenamiento aplica a desnudarse (gummos) de prácticas que no pertenecen a la piedad y despojarse de ellas.

Ejercitar la piedad empieza en cierto sentido por no confiar ni predicar fábulas profanas, mitos religiosos, costumbres y tradiciones de hombres y reglas de instituciones. En cambio, se trata de creer y obedecer la verdad revelada en la Palabra de Dios.

Vos tal vez pensás que en la iglesia no se predican estas cosas, pero justamente Pablo está advirtiendo que es ahí donde suceden, y profetizó que con mayor intensidad sucederían en estos tiempos.

Doctrinas de demonios y leyendas profanas y otros mitos semejantes abundan en la iglesia que conocemos hoy, sino pensá en pagar el diezmo para que Dios te prospere, en el sometimiento ciego a una autoridad humana, en la división entre ministros y gente del pueblo, en la asistencia al templo como fuente de salvación, en la proclamación del templo como casa o iglesia de Dios, en la tolerancia y práctica de tradiciones mundanas como las fiestas navideñas, las pascuas y otras, en la cobertura de una institución sobre la vida de un cristiano, en la reverencia al “ungido” de turno, en la salvación sólo por fe y a través de una oración, en la doctrina del rapto y el rapto antes de la gran tribulación, en el evangelio de la prosperidad, en el evangelio sin la cruz, etc. etc. etc. Un largo etc.

Mirá, otra traducción de 1 Timoteo 4. 7 dice, “Rechaza las leyendas profanas y otros mitos semejantes. Más bien, ejercítate en la piedad”. Y en la misma línea Pablo dice en 1 Timoteo 2. 16, “Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad”.

Fijate que la obra de los que apostatan de la fe escuchando espíritus engañadores se levanta en la iglesia, no en otro lado, y tiene como resultado conducir a los creyentes más y más a la impiedad. Pero notá también que el remedio que manda Pablo consiste justamente en desechar, rechazar y evitar estas cosas, ejercitándose para la piedad.

Pablo dice que la piedad es útil para todo y que tiene promesa para esta vida y también para la venidera. No es fácil discernir cuál es la promesa específica de la piedad, pero sin dudas está relacionada con nuestra salvación.

La piedad es la obediencia práctica a la Palabra o a la voluntad de Dios. Y Jesús dijo, “el que guarda mi palabra, nunca verá muerte”. Esto es lo que tiene gran promesa y lo que debemos ejercitar los cristianos, y allí está también la promesa.

La gracia no sólo se manifestó para salvarnos, sino también para enseñarnos a renunciar a la impiedad que, por contraposición, es la desobediencia práctica y sistemática a la voluntad de Dios.

Esto nos asegura salvación ahora y en la vida venidera. Tito 2. 11 al 15 lo dice así, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie”.

Dios nos dio su gracia a través de Cristo para redimirnos, pero también para purificarnos a fin de que vivamos una vida piadosa. En este contexto, apartarnos de la impiedad es equivalente a ejercitar la piedad. Y esto incluye huir de iglesias y personas que predican o practican doctrinas de hombres, fabulas, mitos y otros engaños, alejados de una vida de obediencia práctica a la Palabra de Dios.

Como podrás ver la piedad no es algo que sucede porque digas que crees en Jesucristo, la piedad debe ejercitarse para obtenerse. La piedad no es hacer lo que a mí me parece que es bueno, sino cumplir debidamente lo que dice la Escritura, aunque choque con mis deseos y anhelos.

Por ejemplo, si Dios en su Palabra me dice que no me siente a una mesa sacrificada a los ídolos, lo que debo hacer es no sentarme allí y punto. Si Dios dice que huya de la idolatría, debo huir de la idolatría para ser piadoso. Si Dios dice que perdone, es necesario perdonar y no devolver mal por mal.

Puedo tener lucha en estas cosas, pero debo ir en esta dirección renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos para vivir piadosamente en Cristo.

Si Dios me dice: Mujer, no enseñes ni ejerzas dominio sobre el varón, debo obedecer, no ponerme a pastorear una iglesia o a gobernar mi casa. Eso es para los obispos, ¡no para las obispas! Si Dios dice a las mujeres que no usen ni oro ni plata ni vestidos ostentosos, ¡pues qué sentido tiene ponerse bijouterie y adornos de joyas y así enseñar a sus hijas!

Ojo, yo no soy un castrador de hermanas. Los que me conocen lo saben. Cristo fue el primer libertador de mujeres en la historia del hombre y en una época de excesivo sometimiento de género y yo lo creo. Pero una cosa es eso, y otra lo que corresponde a la doctrina que es conforme a la piedad.

Estas pequeñas instrucciones prácticas de los apóstoles van en contra de todo lo que el mundo propone, pero son estas cosas las que nos hacen, por medio de la fidelidad y el amor por la verdad, verdaderos cristianos. Esta es la piedad bíblica y por eso dice la Palabra que todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.

Muchos limitan la definición de Piedad a lo que el diccionario dice: lástima, compasión, conmiseración, y en mejores casos: santidad, adoración o temor a Dios. Pero esa no es del todo la piedad en términos bíblicos.

La palabra que en 1 Timoteo 4:7 se traduce como Piedad es la palabra griega “Eusebeia” y quiere decir “adorar bien”. Y la verdadera adoración, debes saberlo, es la obediencia.

Dios busca verdaderos adoradores que le adoren en Espíritu y en verdad. Eso es Eusebeia, y eso es la piedad. Obediencia práctica a la voluntad de Dios revelada en su Palabra. Algo que se puede lograr únicamente por el Espíritu.

La vida en la piedad bíblica es aquella que involucra a Dios en todo lo que se hace, lo que se piensa y lo que se dice. En este sentido la piedad es tener conciencia de Dios y de su voluntad en todas las cosas, en todas las áreas de nuestra vida.

El Proverbio 3. 5 y 6 dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas”. Esta es otra de las promesas de la piedad. A través de ella Dios puede enderezar nuestros pasos, pero es necesario primero despojarse de la propia sabiduría, de nuestro ego y de su deseo de gobernar, para reconocer a Dios en cada paso en nuestro camino.

En el antiguo testamento, cuando Dios habla de “misericordia”, está hablando de piedad. “Misericordia quiero y no sacrificio” dice Oseas 6. 6, y con esta misma palabra Jesús reprendió a los religiosos de la época diciéndoles: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9. 13).

A Dios le interesa muy poco el cumplimiento de las ordenanzas de una congregación y las prácticas de la ley y la religión. Él demanda un corazón piadoso, una vida genuina de alabanza y obediencia a Dios. Gente de arrepentimiento verdadero. Metanoia.

¿Te preguntarás a esta altura si esta es la piedad cuál es el misterio de la piedad entonces? Bueno, te lo he dicho ya en varios estudios, los misterios en la biblia no están para que no los escudriñemos y no los comprendamos, sino más bien todo lo contrario.

Está la creencia en la iglesia de que la palabra misterio se refiere a algo que no se puede entender con la mente, pero esto es sólo una herencia de antiguas religiones que hacían del misterio su atractivo, su hechicería y su manipulación.

Dios no tiene absolutamente nada que ver con esto cuando habla misterios. La palabra griega que usa es Musterion y Raz en hebreo, y su significado es para expresar algo que fue escondido, oculto o secreto.

Además dice 1 Corintios 4. 1, “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios”. Ahora yo te pregunto ¿cómo vamos a administrar los misterios de Dios si no los conocemos?

Ciertamente la piedad encierra un misterio y éste está relacionado con la encarnación y la glorificación de Cristo. En la 1º carta a Timoteo 3.16 Pablo presenta el misterio de la piedad para que lo escudriñemos y lo comprendamos por el Espíritu a fin de estar preparados.

Dice 1 Timoteo 3.16, “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria”.

Este versículo conforma la letra de un himno que debió haber sido muy conocido entre los primeros cristianos. No lo digo sólo porque la palabra tiene estructura de himno, sino porque además comienza con el término “indiscutiblemente”, que significa “por confesión unánime”.

Grande es el misterio de la piedad dice Pablo, pero ese misterio va a ser revelado por él mismo en el siguiente párrafo, por eso usa los dos puntos. ¿Y cuál es ese misterio? Bueno, que Dios fue manifestado en carne.

Esta es la piedad. La encarnación de Cristo. La Palabra hecha carne en un hombre. Pero trasladado a nuestras vidas, se trata del cumplimiento práctico de la voluntad de Dios en nosotros.

De esta enseñanza de Pablo podemos conocer que la piedad es la obediencia práctica a la Verdad. Dios hecho carne en nosotros. Este es también el propósito eterno de Dios en la iglesia y el fin de nuestro llamamiento.

En otros términos, se trata de la Palabra aplicada en nuestra vida. Esa es la piedad. De ninguna manera Pablo escribió esto sólo para contar un misterio pasado que se manifestó en Jesús. Sino para que avizoremos aquello que debe ocurrir en nosotros.

Esta palabra fue escrita además para que los creyentes sepan cómo conducirse en la casa de Dios, columna y valuarte de la verdad, como dice más arriba de este versículo. Fue escrita para que la iglesia la cumpla y ande en vida nueva.

Mirá, sólo cuando Dios se manifiesta en nosotros, cuando la palabra se guarda y se pone por obra, sólo entonces podemos ser justificados en el espíritu, vistos de los ángeles.

Sólo cuando el verbo se hace carne en nuestra vida, sólo entonces Dios es predicado y testificado realmente entre los gentiles, y así es creído en el mundo. Luego entonces sí podemos ser glorificados, que equivale a ser recibidos arriba en gloria, porque hemos glorificado al Dios vivo y verdadero.

Las dos cartas a Timoteo son verdaderos tratados sobre la piedad. Todo en ellas hablan de la piedad, básicamente porque Pablo da reglas simples de conducta y de aplicación de la Palabra en la vida de los cristianos y en la iglesia.

Por ejemplo, 1 Timoteo 4. 4 al 7 dice “4 Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; 5 porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado”.

Notá el sentido práctico de lo que Pablo quiere transmitir aquí. Pablo se está oponiendo a doctrinas de demonios, que teorizan la fe, y lo hace enseñando la piedad. Dando pautas prácticas para obedecer basadas en la Verdad.

Luego dice “6 Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido”.

Ojo, Pablo no se está refiriendo aquí a esa enseñanza en particular sobre “comer de todo lo que Dios creó”, ya que es obvio que por sí misma esa enseñanza no alcanza para ser un buen ministro de Jesucristo.

Pablo está refiriéndose al principio espiritual subyacente: a la Doctrina de la Piedad. A la enseñanza de la obediencia práctica de la Verdad. Quien esto haga será un buen ministro.

Entonces lo sentencia cuando dice, “7 Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad”.

No sirve la perorata cristiana, la teología evangélica, o las opiniones personales sobre cómo hacer tal o cual cosa. Lo que tiene fruto y tiene promesa es la Piedad, la obediencia a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo. Y para esto hay que ejercitarse, despojarse, desnudarse (gummos).

2 Timoteo 3. 10 al 12 dice, “10 Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, 11 persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. 12 Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”.

Fijate que vivir piadosamente en Cristo Jesús no es una de varias posibilidades que tenemos los creyentes para vivir en Cristo. Vivir piadosamente en Cristo Jesús es la única posibilidad de vivir en Cristo Jesús que existe.

Es decir, no podemos elegir vivir en Cristo Jesús sin la piedad, pues estaríamos viviendo en un falso Cristo. Es como querer seguir a Jesús sin obedecerlo. Pero aunque esto abunde en el cristianismo actual no es realmente posible. Que Cristo sea Salvador solamente y no Señor es una gran fantasía. Otra de las fábulas introducidas en la iglesia moderna.

Pablo no pone aquí “vivir piadosamente en Cristo” como una opción, sino como una condición para ser cristianos. Además lo pone como la única y verdadera causa de los padecimientos, pero fijate que también de las liberaciones.

Ahora, luego Pablo continúan diciendo, 2 Timoteo 3. 13: “más los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados”.

Es que ciertamente hay un evangelio distinto y ya se vislumbraba en la época de Pablo. Un evangelio en el cual se puede vivir sin obedecer la verdad, sin padecimientos, buscando los propios deseos y no los del Señor, sin aflicciones, sin disciplina, si cruz, sin amonestación y sin corrección.

Ese es un evangelio liviano, hedonista, y muy común en este tiempo, en el que se puede vivir impiadosamente en Cristo, o tolerando impiedades que es lo mismo. Pero Pablo dice que de este evangelio participan los malos hombres, los engañados y los engañadores. Nosotros debemos más bien huir de el.

Fijate que la sana doctrina es “conforme a la piedad”. 1 Timoteo 6. 3 al 6 dice, “3 Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4 está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. 6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

La sana doctrina y la piedad son cosas indisociables. Ambas debemos buscarlas porque son nuestra ganancia en esta vida. Pero fijate que hay quienes toman la piedad como fuente de ganancia sin conformarse a ella. Es decir, viven del evangelio, pero no lo practican.

De estos también dice una interesante traducción de Colosenses 2. 23 que, “Tienen sin duda apariencia de sabiduría, con su afectada piedad, falsa humildad y severo trato del cuerpo, pero de nada sirven frente a los apetitos de la naturaleza pecaminosa”.

Estos falsos ministros tienen apariencia de ser sabios, de ser piadosos y humildes, y hasta de someter su cuerpo a duro trato, pero en la práctica no pueden ocultar su naturaleza pecaminosa, sus apetitos siempre quedan expuestos: amor por el dinero, amor por las cosas materiales, falta de afecto natural, fornicación, adulterio y cosas semejantes.

2 Timoteo 3. 5 dice de estos engañadores que, "tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”. Cuando los ves parecen piadosos, que obedecen a Cristo, pero en la práctica lo niegan.

Parecen ocupados en las cosas "santas", pero en realidad andan en religión, y mucho activismo religioso no es sinónimo de piedad, tenés que saberlo. Acordate, ésta es la señal de los apóstatas en la iglesia: aparentan piedad, pero niegan la eficacia de ella. De estos hay que apartarse dice la Escritura.

La piedad, hermano, es nuestro único reaseguro en estos tiempos de apostasía. El cumplimiento de las Escrituras en nuestras vidas es, en definitiva, nuestro boleto de salvación.

La comisión sigue siendo la misma: “..id, y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”, dijo Jesús. Esto es lo que debemos enseñar: a guardar (practicar) todo lo que Él nos ha mandado. Este es el principio del misterio de la piedad.

voz del que clama